La menta no está ahí solo para oler bonito en la cocina. Cuando entra en tu rutina, empuja compuestos que despiertan tejidos fatigados, alivian la sensación de ojo seco y ayudan a que la vista deje de sentirse como si miraras a través de un vidrio empañado. Y eso pega directo en lo que muchas personas mayores en México ya viven sin decirlo en voz alta: letras que se achican en la etiqueta del súper, luces que molestan de noche, el volante que se siente más lejos, la cara conocida que tarda un segundo más en enfocar. El problema no es que “te estés haciendo viejo” y ya. El problema es que tus ojos llevan años tragándose desgaste, mala circulación y oxidación interna como si nadie fuera a pasarles cuenta. La industria del bienestar de miles de millones apenas lo susurra. Porque una planta que crece en una maceta, en una jardinera o hasta en el patio de tu vecina no deja ganancias como un frasco de 800 pesos con etiqueta brillante. Y aquí es donde la cosa se pone buena: la menta no ...